¿Por qué se suele diferenciar entre grasas buenas y grasas malas (o no tan buenas)?

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Cuando se habla de nutrición y de hábitos de alimentación saludables, es normal escuchar diversas alertas sobre las precauciones a tener en cuenta en relación al consumo de alimentos ricos en grasas.

En este sentido, se suele establecer una clasificación de los distintos alimentos en base a la tipología de ácidos grasos que contienen diferenciando, en términos nutricionales, entre grasas buenas y grasas malas.

Tomando como referencia este aspecto, desde Vitalis Bienestar consideramos importante resolver tus dudas en este sentido, con el fin de que conozcas con claridad qué aspectos son los que caracterizan a estos dos tipos de grasas y por qué se le otorga esta definición a cada una de ellas.

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En tu alimentación diaria, debes tener presente que el consumo de alimentos ricos en grasas conlleva la absorción de un elevado aporte de calorías, incrementando el riesgo de padecer sobrepeso.

Según numerosos expertos en dietética y nutrición, la ingesta de este tipo de alimentos no debe suponer más de un 30% de las calorías diarias que consumes, y debe ir acompañada de la realización de una actividad física habitual, para que nuestro organismo transforme esos ácidos grasos en energía, incrementando la masa muscular.

Del mismo modo, hay que diferenciar entre aquellos alimentos que contienen ácidos grasos insaturados, que se suelen definir como buenos, como el aceite de oliva y el pescado azul, de aquellos otros cuya composición está formada por ácidos grasos saturados, entre los que destacan las carnes rojas, los embutidos o la bollería industrial.

La diferencia entre estos dos tipos de ácidos grasos reside en que los insaturados presentan una mejor asimilación y metabolización para nuestro organismo, mientras que los saturados tienden a generar una mayor acumulación de triglicéridos en el riego sanguíneo, favoreciendo el incremento de los niveles de colesterol.

A modo de recordatorio, ten presente que las grasas buenas se encuentran habitualmente en productos vegetales y en el pescado azul. Por el contrario, las grasas saturadas, o malas, están presentes en alimentos de origen animal y productos procesados.

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